El sedal se había atascado. - Qué pérdida de tiempo, pensé. Elías me dijo que me apure a solucionarlo, ya que había buen pique y era una pena perder el tiempo hablando. Yo no lo pensé así. En ese momento se puso a mi lado, y comenzó a relatarme una historia que le había sucedido hace muchos años atrás, cuando era pescador. “El barco se llamaba La Injuria. Era un barco viejo y oxidado, pero traía el sustento a casa. De ser un simple aprendiz, me había convertido en capitán”, lo decía con orgullo. Sigue relatando. “Estaba a kilómetros del puerto. Las redes se movían con el viento. El sol despuntaba y aportaba claridad al mar oscuro, lleno de sonidos mist...
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