El viejo del Muelle II

                             

Los pensamientos como cardumen de peces con poca agua.

Miles de pensamientos. Llegan, me despiertan, me acompañan. Desayuno y me preguntan, me indican, me consuelan, se enojan, se alejan y regresan. Muchas veces esos pensamientos son mis amigos, otras son crueles, despiadados. No admiten que me equivoque o de repente me hacen dudar .Me confunden me hostigan. Voy a hacer las paces con ellos. Los invito, les pregunto, no los alejo sino los quiero como amigos. Para que me ayuden, me guíen y me acompañen. Cuando son pensamientos dictadores, les agradezco y les permito seguir su camino. A veces le digo que se callen y me concentro en lo que estoy haciendo. Si regresan los escucho y les hablo. ¿Cuántas veces sentimos esos pensamientos nos hostigan? Bueno, como pensamos somos. Si queremos ser felices, tenemos que educarlos, amigarnos, complacerlos y despedirlos. Somos nosotros, uno viviendo en la misma casa. Elías levanto la mirada, miró el horizonte, fumo su pequeño cigarro. Mirándome fijo y muy serio me dijo – “Muchacho, piensas mucho, descansa mirando el horizonte, el verde de las plantas, el mar, o cualquier cosa que te de paz.” Despacio empezó a mover las comisuras de sus labios hasta formar una pequeña sonrisa y me dijo “la vida es simple, no la compliques. Entrénalos, como a los marineros en un barco. Tú eres el capitán, ellos están ahí para ayudarte a dirigir el bote ” y continúo pescando. Me quede allí con él, mirando el mar, escuchando las olas pegando en la base del muelle. Pensando en nada.    

Texto:  Lic. Marcelo Rizzo ©

Foto:   (CanSockPhoto.com ©




 

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