EL viejo del Muelle III


El viejo del Muelle.. El misterio del joven aprendiz

Sartre dijo, “Cada persona es lo que hace con lo que hicieron de él” Me quede pensando en una de tantas historias que me conto Elías, el viejo del muelle. Mientras le compartía un café que llevaba en el termo.  Vi sus ojos brillar y me dijo que hacía mucho que no tomaba café. Recordó cuando entró como marinero, en un barco de transporte de mercaderías. Me comento: Ni muy frío ni muy caliente, tomo un sorbo y comenzó a contar esta aventura. "El puerto donde habíamos llegado dejaba mucho que desear. No era como los puertos de las grandes ciudades. Su muelle apenas podía sostener al barco donde viajábamos y realmente, no era muy grande me comento. Luego dijo: Llegamos de noche. No se veía mucho y no había nadie para recibirnos. Comenzamos a bajar los cajones, las bolsas y otros menesteres que le solicitaron a nuestra compañía. En esa vieja cascara de madera vieja y podrida, viajaba un muchacho que apenas llegaba a los 17 años, y otros marinos de mayor edad.  Le decían "el peque", se entiende que era muy bajito. Su mirada era entre triste y desafiante, depende la circunstancia. A pesar de su baja talla, tenía mucha energía y trabajaba como dos adultos. Para mi era como un hermano menor y sin querer al verlo tan desvalido comencé a enseñarle todo lo que sabía de marinería. Cuando despunto el alba, el capataz del puerto se acercó y hablo con el capitán de nuestro barco. Luego de finalizado el trámite, todos lo de a bordo fuimos al viejo bar del pueblo. Era un rancho viejo y medio destruido, pero allí se reunían a tomar una copa, a comprar insumos y de vez en cuando una guitarreada. Sabes, Allí tome el café más rico. Me dijo y continuo: La dama que atendía era muy joven. Morena de mirada dulce y misteriosa. Sus modales eran muy educados y estaba bien vestida para esos lugares. El peque no tardó en clavarle la mirada. Ella le respondió con una sonrisa y bajo la mirada.  Ahí, a pasado algo. me dije. Lo alenté para que le hable, que le diga algo para entrar en conversación. Se quedo mirándola y  no pudo. Salió corriendo, tirando la silla y empujando a la gente que estaba allí. ¿Qué crees que pudo haber pasado? Me dijo Elías. No lo sé, le respondí desorientado. Bueno, mañana seguimos, tengo que volver a mi casa.  Junto sus cosas y lentamente se fue del muelle, saludando a varios pescadores. Mientras guardaba las tazas, luego de enjuagarlas, deje que mi imaginación juegue un poco con la historia. ¿Qué le paso al muchacho? 

Continua en la próxima entrega

Texto:  Lic. Marcelo Rizzo ©

Foto:   (CanSockPhoto.com ©

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