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Mostrando las entradas de julio, 2022

EL viejo del Muelle III

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El viejo del Muelle.. El misterio del joven aprendiz Sartre dijo, “Cada persona es lo que hace con lo que hicieron de él” Me quede pensando en una de tantas historias que me conto Elías, el viejo del muelle. Mientras le compartía un café que llevaba en el termo.   Vi sus ojos brillar y me dijo que hacía mucho que no tomaba café. Recordó cuando entró como marinero, en un barco de transporte de mercaderías. Me comento: Ni muy frío ni muy caliente, tomo un sorbo y comenzó a contar esta aventura. "El puerto donde habíamos llegado dejaba mucho que desear. No era como los puertos de las grandes ciudades. Su muelle apenas podía sostener al barco donde viajábamos y realmente, no era muy grande me comento. Luego dijo: Llegamos de noche. No se veía mucho y no había nadie para recibirnos. Comenzamos a bajar los cajones, las bolsas y otros menesteres que le solicitaron a nuestra compañía. En esa vieja cascara de madera vieja y podrida, viajaba un muchacho que apenas llegaba a los 17 años,...

El viejo del Muelle II

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                                     Los pensamientos como cardumen de peces con poca agua. Miles de pensamientos. Llegan, me despiertan, me acompañan. Desayuno y me preguntan, me indican, me consuelan, se enojan, se alejan y regresan. Muchas veces esos pensamientos son mis amigos, otras son crueles, despiadados. No admiten que me equivoque o de repente me hacen dudar .Me confunden me hostigan. Voy a hacer las paces con ellos. Los invito, les pregunto, no los alejo sino los quiero como amigos. Para que me ayuden, me guíen y me acompañen. Cuando son pensamientos dictadores, les agradezco y les permito seguir su camino. A veces le digo que se callen y me concentro en lo que estoy haciendo. Si regresan los escucho y les hablo. ¿Cuántas veces sentimos esos pensamientos nos hostigan? Bueno, como pensamos somos. Si queremos ser felices, tenemos que educarlos, amigarnos, complacerlos y...

El viejo del muelle (I)

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                                                                                    El sedal se había atascado. - Qué pérdida de tiempo, pensé. Elías me dijo que me apure a solucionarlo, ya que había buen pique y era una pena perder el tiempo hablando. Yo no lo pensé así. En ese momento se puso a mi lado, y comenzó a relatarme una historia que le había sucedido hace muchos años atrás, cuando era pescador. “El barco se llamaba La Injuria. Era un barco viejo y oxidado, pero traía el sustento a casa. De ser un simple aprendiz, me había convertido en capitán”, lo decía con orgullo.   Sigue relatando. “Estaba a kilómetros del puerto. Las redes se movían con el viento. El sol despuntaba y aportaba claridad al mar oscuro, lleno de sonidos mist...